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La minería es una de las actividades industriales de las catalogadas primarias, las que consisten en la explotación de los “recursos” naturales a través de la extracción de materias primas las que – en el caso del modelo capitalista latinoamericano (y de cualquier parte del “tercer mundo”)- no son manufacturadas localmente, limitando las actividades productivas, exclusivamente a la exportación, suprimiendo cualquier actividad económica local que pudiese generarse sobre el mineral.
La extracción y procesamiento de minerales es una actividad que prevaleció por milenios en América – y probablemente en todo el planeta- ya que el mineral es una sustancia natural que forma parte de la tierra, de su suelo y que ha sido tomada y empleada por nuestros antepasados para diversas actividades; alimentarias, culturales, religiosas, artísticas, etc. Los antecedentes históricos indican que los Atacameños fueron el primer pueblo en nuestro actual territorio en extraer minerales de las rocas, orientando su extracción a la obtención de pigmentos de color rojo, seguramente oxido de hierro, que eran utilizados en distintos contextos, como la pintura corporal, las ofrendas funerarias, el arte rupestre y la impermeabilización de las balsas de cuero de lobo. La producción metalúrgica local se encontró inmersa en un modo de vida de alta movilidad residencial característico de las poblaciones costeras de la costa arreica (sin desembocadura), desarrollándose en los principales campamentos base de las comunidades como respuesta ante las necesidades inmediatas, como la pérdida o fractura de piezas funcionales para la subsistencia procedentes de tierras altas (no elaborados localmente a diferencia de los anteriores). Esto da cuenta de una producción no centralizada, y que por otro lado no estaba al servicio de la producción de bienes de prestigio sino de artefactos funcionales a la caza, pesca o recolección que antes fueron manufacturados a partir de huesos, conchas o espinas. Esto viene a desmentir dos ideas instauradas en la historia oficial respecto de los grupos humanos extractores de metal; que eran sociedades complejas con creciente control de la producción y cuya elaboración metalúrgica está determinada primordialmente a bienes de estatus con funciones concretas en la reproducción de las diferencias de clase. La metalurgia de las sociedades costeras se desarrollo en sociedades no divididas, sin control de la producción y en función de artefactos utiles a la vida cotidiana. La utilización del mineral fue por lo tanto una actividad habitual y sistemática de los grupos costeros, quienes se constituyeron como una sociedad de pescadores, recolectores, cazadores y mineros, portadores de un saber-hacer diversificado, escasamente visibilizado en la prehistoria americana, inmerso en una sociedad igualitaria que prevaleció por milenios.

Vinieron por el oro. El saqueo de minerales comienza con la conquista, colonización e invasión de la corona española en América. Contexto en que el oro y la plata eran los minerales mas preciados para las monarquías europeas, desencadenó que la explotación de lavaderos de oro fuese la mayor actividad minera del siglo XVI, extrayéndose cerca de 2.000 kilos anuales. Está rápida depredación significó un fácil enriquecimiento para el viejo mundo, que se debió no tanto a la abundancia del oro mismo sino a la incalculable cantidad de personas – originarios de acá – sistemáticamente esclavizados para la extracción.

Durante la Colonia, la explotación de las riquezas crece de manera exponencial, influída por la explosión de la industrialización a  del primer mundo, – Revolución industrial – los mitos de desarrollo y progreso se implantan como paradigma único para la evolución social, por lo que nuevas materias primas como el hierro, el cobre, y la plata comienzan a ser constante y sistemáticamente sustraídas de todos los continentes colonizados.

Con el nacimiento del Estado de Chile, y luego de una guerra de independencia perpetrada por una minoría dominante que se propuso “administrar las riquezas” y subyugar a la comunidad a servir de carne de cañón para conquistar el poder, la minería de exportación se consolidó como la principal fuente de enriquecimiento del Estado, a costa del empobrecimiento de los habitantes. La explotación minera sirvió como medio de pago para las progresivas importaciones de maquinarias y ferrocarriles impulsada por los capitales extranjeros para la mejoría e inversión de sus negocios, el cual iba acumulando cada vez más capital de la burguesía minera, mercantil y financiera. El primer ferrocarril (Caldera-Copiapó), impulsado por Weelwright -un negociante inglés-, Inglaterra  y Agustín Edwards Ossandón (Fundador de “El Mercurio”) fue una iniciativa de “atención a las necesidades de la región minera” una vez descubierto el  mineral de plata de Chañarcillo en 1832 cuyas utilidades quedarían en quienes impulsaron su construcción (hacia 1873 Inglaterra concentraba el 92% de las exportaciones de cobre). Con la “Política del Nuevo Trato” (1955) se impone un menor pago de impuestos a las empresas buscando aumentar las inversiones en la gran minería, lo que se derivó en una mayor extracción; enormes utilidades con mínimos impuestos, generando con esto la casi absoluta propiedad de las compañías gringas sobre el cobre, trato bajo el cual Chile se quedaba unicamente con los impuestos. En 1971, en el contexto de Unidad Popular, surge un intento por nacionalizar y estatizar el cobre, iniciativa que concluyó abruptamente con la instalación del modelo neoliberal a punta de genocidio y posterior implantación de la Ley Minera  (Orgánica Constitucional sobre Concesiones Mineras) que estableció derechos de propiedad en la minería a través de la figura jurídica de “concesión plena”,  la que rige hasta el día de hoy. Esta ley fue elaborada por José Piñera y Hernán Büchi con ella, se transformaron las Concesiones Mineras en ‘Concesiones Plenas’, entendiéndose las ‘Concesiones Plenas’ bajo las mismas características que  la “propiedad privada”.

De esta manera, los yacimientos mineros de cobre, oro y otros recursos naturales – como el agua -, pasan a ser propiedad privada de quien obtiene esas concesiones, eximiendo de cualquier pago por el valor de los recursos en el yacimiento. La ley anticonstitucional que entrega en propiedad privada los yacimientos es el incentivo fundamental para las grandes mineras mundiales, empresas extranjeras que con esto acceden a la posibilidad de obtener no sólo las ganancias normales del capital, sino que también la renta minera, o el valor del cobre y del oro en el yacimiento, los que se transforman en ganancia extraordinaria. Con la vuelta a la “democracia” los gobiernos de la Concertación no sólo han continuado aplicando la ley de la Dictadura sobre el cobre – ratificando la propiedad privada sobre los yacimientos -, sino que han perfeccionado la ‘Concesión Plena’ y otros aspectos de la legislación minera con nuevos incentivos a que han afianzado el favorecimiento de los intereses del capitalismo extractivo.

Hoy, en el contexto de una población mundial algo más informada y preocupada sobre los impactos de la megaindustria en el ambiente, se presentan con nuevas imágenes corporativas, amigables y coloridas, no obstante su actuar se presenta bajo la misma lógica. No es otra cosa que la misma vieja historia con nuevas estrategias comunicacionales, campañas publicitarias que tratan de mostrar un “servicio” igual que cualquier producto de supermercado. A través del marketing instalan la idea de que trabajan para “la integración a la comunidad”, “el desarrollo social, ambiental y turístico”.¿Cómo puede una minera, que provocaría evidente devastación en la zona sólo con el movimiento de terrenos para su construcción, fomentar tales áreas?, ¿Como puede ser eso posible?

Las principales áreas de desarrollo en la zona como la agricultura de olivos, la pesca y la extracción de mariscos, y el turismo de avistamiento, se verían indudablemente afectados a través del proceso productivo que propone Dominga. Por medio de dos rajos abiertos pretenden producir aproximadamente 12 millones de toneladas de concentrado de hierro y 150 mil toneladas de concentrado de cobre. Son casi dos tercios del tamaño de Chuquicamata bajo los cuales se persigue explotar cerca de 95.000 toneladas diarias, lo que significa dispersar por el aire una cantidad inconmesurable de material particulado nocivo para la salud humana, animal y vegetal  (con presencia de metales pesados), acompañado de fuertes tronaduras con explosivos, cada día y por lo menos durante los próximos 25 años.

Una de las “ventajas” que se plantea en el proyecto es que no será necesario instalar una nueva termoeléctrica en la zona para abastecerse de energía, ya que se proveeran de ésta desde el sistema interconectado central (SIC). No obstante para que el SIC de abasto con energía para tanto megaproyecto, en estos momentos en el sur se están trancando los ríos y secando los valles para construir represas y centrales hidroléctricas, devastando con esto los entornos y las vidas de nuestros hermanos, y sabemos pues que distintos proyectos energéticos de otras índoles están a la espera del paso a la construcción de mineras para comenzar a presionar su aprobación. Es un circulo vicioso que sostiene un modelo de desarrollo de capitalismo extractivo basado exclusivamente en la destrucción del medioambiente para la generación de economía, trabajo y progreso, en beneficio de las clases privilegiadas de las zonas urbanas a costa de la devastación de las comunidades rurales. Ya conocemos innumerables casos, en un momento de la historia en que la devastación industrial, sino se frena, nos pone fecha de muerte a todas y todos los habitantes de la Tierra. No sólo en el Tercer Mundo, no sólo en Chile, el Norte Grande ya representa un caso crítico en que la vida humana se torna cada vez más hostil por la sequía, destrucción y devastación, en un recorrido que avanza raudamente hacia el sur, acá en la cuarta región, los casos son incontables. Uno de los últimos ejemplos ha sido el de Caimanes, donde la Minera Pelambres ha secado el valle del Choapa, ha contaminado las aguas con material del relave El Mauro, y ha secado el valle dejando a las comunidades en absoluta sequía, afectando su salud, sus actividades productivas, y con esto todos los ámbitos de su vida. Una de las amenazas más grandes de que se instale este megaproyecto Dominga, recae justamente en la calidad y conservación del agua, esto por el hecho de que el mineral que pretenden extirpar se encuentra debajo del acuifero que provee de agua dulce a toda la quebrada de Los Choros, es decir, a todos los habitantes de las localidades de Los Choros y Punta de Choros. Este punto parece no ser un problema para los tecnócratas, pues proponen implementar un sistema de captación que desviaría las aguas del acuifero hacia otro punto en el que sería reinyectada.
Las aguas subterráneas se encausan a través de miles de surcos espontáneos bajo la tierra, por lo que  para capturarla tendrían que hacer perforaciones en la tierra constantemente y sistemáticamente para intentar captar el agua y hacer valer su sistema de captación y reinyección, un sistema de ingeniería, en palabras del titular: “de funcionamiento perpetuo en que cualquier organismo del Estado puede operar este sistema”. Procedimiento que no entrega ninguna garantía, hasta ahora una modelación, un prototipo irreal sin antecedentes que puedan respaldar su correcto funcionamiento y que  desviaría y manipularía la sustancia primordial para nuestra existencia, la sangre de la Tierra, que hoy provee a toda una comunidad.
No olvidemos que el agua, ya es un problema latente, y que la sequía en la Tierra es producto del calentamiento global acelerado por la industrialización, es decir por la minería, la agroindustria y el conjunto de procesos y actividades que transforman, a gran escala, las materias primas en productos elaborados y sustentan esta sociedad hiperconsumista. Por otro lado, la minera plantea el emplazamiento de una planta desaladora de agua, esto es la desalinización de agua de mar, a través de la extracción del agua marina por una bomba que captura no sólo agua sino cualquier organismo viviente que esté pasando por ese punto de atracción en  un proceso de purificación hecho a base de cloro y otras sustancias, que generan un liquido con alta concentración de sal, tóxicos y temperatura devuelta al mar. Además pretenden construir un deposito de relaves, el cual aunque sean “espesados”, lo cual significa disminuir la cantidad de liquidos contaminados con metales pesados, no significa que no lleguen inevitablemente a la tierra y se liquidifiquen con la humedad o aguas lluvias. Otro megaimpacto de esta megadestrucción que significa Dominga para este territorio es el Megapuerto, ubicado en Caleta Chungungo, el cual traería grandes embarcaciones con sonares y alto tránsito, lo que volvería inhabitable la zona marina para ballenas, delfines y todo el abundante ecosistema costero.

Sin duda la instralación de Dominga es la puerta de entrada a la misería capitalista bajo la falsa consigna del desarrollo y el progreso (lo que no es otra cosa que dinero a cambio de un trabajo precario y gradualmente mortal), la misma miseria que viven las zonas de sacrificio ya expuestas al desastre ambiental que conlleva el desarrollo minero o energético (Caimanes, Huasco, Calama, Copiapo, etc.) y que nada bueno pueden traer a la quebrada de Los Choros, donde aún se puede vivir en armonía con el entorno.
Por último, los acontecimientos políticos a los que Dominga se ha vinculado, nos hacen respirar un poco respecto de la amenaza minera en la quebrada de Los Choros, sin embargo, no podemos bajar la guardia considerando la probable aprobación de “Cruz Grande”, el proyecto portuario de CAP-CMP (Compañía Minera del Pacífico ) puerto minero, que contaría con un sitio de atraque e instalaciones necesarias para la recepción, almacenamiento y embarque de graneles minerales (pellets).
Los proyectos de explotación minera, portuarios o energéticos de gran escala, significan la devastación de cualquier ecosistema. Como comunidades de este valle debemos ser conscientes del territorio que habitamos, y como tal debemos defenderlo, trabajando en la construcción de un entorno limpio, fertil y por sobretodo nuestro.

Por Chungungo Pelofino

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